Los pasajeros del vuelo MH370 de la compañía aérea Malasia Airlines contemplaban a través de las ventanillas de la nave una noche tranquila, iluminada por la luna de aquel 8 de marzo de 2014. El Boing 777 había despegado sin sobresaltos a las 0:42 horas desde Kuala Lumpur rumbo a Pekín. Todo parecía apacible y discurrir según lo previsto. Pero no había transcurrido ni una hora cuando, de repente, se hizo la oscuridad, saltaron las luces de emergencia y las máscaras de oxígeno se descolgaron del techo sobresaltando a los 238 pasajeros y tripulantes.
Cabe imaginar que pese al pánico, y siguiendo las instrucciones de seguridad, se colocaron el dispositivo y empezaron a respirar a través de aquellos tubos. La cabina se había despresurizado. En aquel momento, el avión sobrevolaba a más de 12.000 metros de altura. A partir de los 4.000, el aire ya es irrespirable.
pesar al susto, la aeronave no parecía sufrir ningún problema. Nada indicaba tampoco que se estuviera iniciando un descenso de emergencia.Y sin embargo, al cabo de un cuarto de hora, los ocupantes de aparato estaban muertos. Las reservas de oxígeno se habían agotado para todos. Para todos, excepto para el piloto al mando, Zaharie Ahmad Shah, quien a sus 53 años era uno de los capitanes más importantes de la aerolínea. Ahora además era el único tripulante con vida del MH370, convertido ya en un ataúd con alas a la espera de agotar el combustible para lanzarse directo al océano.
Detengámonos aquí para aclarar que por ahora, nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió en el interior de este vuelo antes de que se desvaneciera en los cielos asiáticos hace más de cinco años. La caja negra, así como el grueso de los restos de la tragedia, nunca aparecieron. Seguimos, por lo tanto, ante a uno de los mayores misterios de la historia de la aviación internacional.
El Español
Zaharie , el piloto del MH370, junto con su mujer y su hijo
REPORTAJES
El vuelo MH370, el ataúd con alas de 238 pasajeros: el piloto depresivo les dejó sin oxígeno y se estrelló
Cinco años después de la desaparición del avión malasio, una investigación concluye que el capitán padecía una depresión y fue el causante.
22 junio, 2019 17:32
ACCIDENTES AÉREOS MALASIA AUSTRALIA MUERTES
José Gallego Espina @josegallego81
Los pasajeros del vuelo MH370 de la compañía aérea Malasia Airlines contemplaban a través de las ventanillas de la nave una noche tranquila, iluminada por la luna de aquel 8 de marzo de 2014. El Boing 777 había despegado sin sobresaltos a las 0:42 horas desde Kuala Lumpur rumbo a Pekín. Todo parecía apacible y discurrir según lo previsto. Pero no había transcurrido ni una hora cuando, de repente, se hizo la oscuridad, saltaron las luces de emergencia y las máscaras de oxígeno se descolgaron del techo sobresaltando a los 238 pasajeros y tripulantes.
Cabe imaginar que pese al pánico, y siguiendo las instrucciones de seguridad, se colocaron el dispositivo y empezaron a respirar a través de aquellos tubos. La cabina se había despresurizado. En aquel momento, el avión sobrevolaba a más de 12.000 metros de altura. A partir de los 4.000, el aire ya es irrespirable.
A pesar al susto, la aeronave no parecía sufrir ningún problema. Nada indicaba tampoco que se estuviera iniciando un descenso de emergencia.Y sin embargo, al cabo de un cuarto de hora, los ocupantes de aparato estaban muertos. Las reservas de oxígeno se habían agotado para todos. Para todos, excepto para el piloto al mando, Zaharie Ahmad Shah, quien a sus 53 años era uno de los capitanes más importantes de la aerolínea. Ahora además era el único tripulante con vida del MH370, convertido ya en un ataúd con alas a la espera de agotar el combustible para lanzarse directo al océano.
Detengámonos aquí para aclarar que por ahora, nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió en el interior de este vuelo antes de que se desvaneciera en los cielos asiáticos hace más de cinco años. La caja negra, así como el grueso de los restos de la tragedia, nunca aparecieron. Seguimos, por lo tanto, ante a uno de los mayores misterios de la historia de la aviación internacional.
No obstante, un nuevo e inquietante informe apunta a que todo pudo ser obra del capitán de la nave, quien, sumido en una depresión, habría decidido acabar con su vida y con la de las otras 238 personas de 15 nacionalidades distintas que formaban el pasaje. Aunque esta hipótesis ya se había barajada con anterioridad, ahora se aportan nuevos detalles y se sugiere que la asfixia no fue motivada por un accidente o un fallo de ingeniería.
Una de las hipótesis que más fuerza cobró al inicio de la desaparición fue que la nave había sido secuestrada. El informe de Langewiesche lo descarta. A su juicio, el desvío del avión se hizo justo cuando se cambiaba del espacio aéreo malasio al vietnamita, una información que debía controlar el piloto. Además, se ejecutó de una forma tan precisa que revela que fue manual y no por control automático.
De confirmarse algún día que el capitán se volvió loco y decidió quitarse la vida, no estaríamos ante el primer caso. El 24 de marzo de 2015, sólo un año después de la tragedia de Malasia Airlines, un vuelo de Germanwings que salía de Barcelona a Dusseldorf se estrelló en los Alpes matando a 150 personas. Y en octubre de 1999, el vuelo 990 de EgyptAir corrió la misma suerte frente a la costa de Massachusetts cuando se dirigía a Nueva York desde Los Ángeles. 217 pasajeros murieron. Se cree que ambas tragedias fueron obra de sus pilot
¿Ustedes que opinan?